Fraga Iribarne vivió en Manatí
Septiembre 22, 2009 por Juan Morales Agüero
Tener hijos -naturales o adoptivos- que gocen de prestigio internacional es un privilegio que no tiene la mayoría de los pueblos pequeños. Los que cuentan con ellos suelen amplificar con orgullo sus nombres a los cuatro vientos. Y si esos mismos hijos manifiestan gran identidad por las raíces a las que pertenecen, la satisfacción se potencia.Así ocurre con Don Manuel Fraga Iribarne -Presidente de la Junta Autónoma de Galicia de 1989 a 2005- quien, a pesar de haber nacido en Villalba, localidad de la provincia española de Lugo, vivió parte de su primera infancia en la localidad cubana de Manatí. Él se considera manatiense por adopción. Y se encarga de reiterarlo cada vez que tiene una oportunidad.
Manolito -así le llamaban cuando pequeño- nació el 23 de noviembre de 1922. A los tres años de edad sus padres lo trajeron para Manatí, donde la familia tenía negocios relacionados con la factoría azucarera local. Allí residió hasta los seis abriles, cuando retornó a su patria para iniciar estudios primarios en escuelas de Galicia. Después, toda la familia regresó definitivamente a la península.
Su talento natural y su constancia para el estudio lo fueron convirtiendo luego en uno de los políticos más importantes de España. Con una sólida formación académica en Derecho, Política y Economía, Fraga inició carrera diplomática en 1947, y en 1953 obtuvo una plaza para ejercer como profesor de Teoría del Estado y Derecho Constitucional en la famosa Universidad Complutense de Madrid.
Su currículum vitae impresiona. Según la enciclopedia Wikipedia, Fraga «fue ministro de Información y Turismo entre 1962 y 1969, durante la dictadura de Francisco Franco, así como vicepresidente del Gobierno y ministro de Gobernación inmediatamente después de su muerte, entre diciembre de 1975 y julio de 1976».
Fundó el Partido Popular (PP), la principal organización política de derecha en España, se desempeñó como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en Londres y ocupó un curul en el Parlamento Europeo. Fue autor de la Ley de Prensa y uno de los padres de la actual Constitución Española (1978) . Además, fungió como líder de la bancada de oposición al presidente Felipe Gonzáles en los años 80.
Don Manuel ocupa en la actualidad un escaño de senador por el Parlamento gallego y, a los 87 años, es uno de los políticos en activo de más edad en el mundo. Ha publicado 80 libros y dictado conferencias en las principales universidades del planeta.

Visitó Manatí dos veces La primera, en 1991, devino suceso relevante de la historia del municipio, pues el pueblo se volcó a la calle para darle la bienvenida; la segunda, el 31 de octubre de 1998, también tuvo visos de acontecimiento. En ambas hizo donativos, pronunció palabras de agradecimiento en el parque y se reunió con representantes de la comunidad gallega local. Algunos viajaron tiempo después a España invitados por él.
Recuerdo particularmente algunos detalles de su visita de 1998. Desde su llegada el aeropuerto tunero Hermanos Ameijeiras comenzó a hacer alusiones manatienses. Así, durante el viaje, se refirió a la loma de Dumañuecos (“por allí había una mina donde trabajaron mis padres”) y a cómo él –chiquitín- temía darles la mano a los haitianos de los cañaverales, (“sin entender todavía que el color de la piel no tiene nada que ver con el color del alma”).
El Gallego -como le dice cariñosamente la gente de por acá- desplegó esa vez una intensa agenda, que incluyó, entre otras actividades, un almuerzo en la restaurada casona donde residió cuando chico. “Aquí en el portal, si mal no recuerdo, había un columpio”, dijo. Y acto seguido develó allí la primera tarja de la jornada.
En el establecimiento que fue propiedad de su padre develó la segunda tarja y aceptó un guarapo. “¿Está sabroso?”, indagó la empleada que se lo sirvió. Y el ilustre visitante le respondió como solo sabe hacerlo un gallego: “Pues vamos, ¡está riquísimo!”. Y apuró de un tirón medio vaso del dulce néctar de la caña de azúcar.
Otra tarja de recordación esperaba por su llegada en la otrora residencia de la familia Diez de Ulzurrún, marqueses de San Miguel de Aguayo, donde también laboraron sus padres. “Con lo que ellos ganaban aquí costearon parte de mis estudios”, apuntó, emocionado.
En el establecimiento que fue propiedad de su padre develó la segunda tarja y aceptó un guarapo. “¿Está sabroso?”, indagó la empleada que se lo sirvió. Y el ilustre visitante le respondió como solo sabe hacerlo un gallego: “Pues vamos, ¡está riquísimo!”. Y apuró de un tirón medio vaso del dulce néctar de la caña de azúcar.
Otra tarja de recordación esperaba por su llegada en la otrora residencia de la familia Diez de Ulzurrún, marqueses de San Miguel de Aguayo, donde también laboraron sus padres. “Con lo que ellos ganaban aquí costearon parte de mis estudios”, apuntó, emocionado.
En el cementerio de la localidad tunera yacen los restos mortales de algunos de sus familiares, como un tío materno y un primo. Fraga encontró tiempo para colocarles a ambos ofrendas florales. “Desde pequeño oí decir que el tío Darío había muerto ahogado aquí cerca”, recordó. En efecto, el deceso ocurrió en la playa Sabanalamar.
El gallego-manatiense -o viceversa- habló con la prensa sobre Cuba y Fidel. Dijo: «Más allá de las diferencias ideológicas, y nunca lo hemos negado, Fidel Castro es uno de los muchos símbolos de este mundo hispánico que tantas veces fue glorioso, estuvo dividido, fue despreciado injustamente y es un símbolo de independencia».
Cubrí para el periódico tunero 26 las dos visitas a Manatí de Don Manuel Fraga Iribarne. Inserto aquí la crónica que escribí la víspera de su llegada en 1998, una imagen de su recorrido por el pueblo junto a las autoridades de la localidad y una nota de su puño y letra que le pedí para los lectores, en la cual escribió:
A través de 26 envío a todos los tuneros, y en particular a los de Manatí y su comarca, el más cordial y afectuoso saludo, de un hijo de corazón de esta tierra. Manuel Fraga Iribarne, Presidente Xunta de Galicia, 31-10-98.
Y es que Dan Manuel -gallego auténtico, de esos que hacen sonar la zeta en cada inflexión de la voz- es también un poco nuestro. En Manatí se conocieron sus padres y nacieron varios de sus hermanos.
“Es en esta tierra donde comienzan mis primeros recuerdos -dijo al agradecer el Escudo y la condición de Hijo Ilustre de la localidad de manos de las autoridades municipales-. Toda mi familia agradece este homenaje, que recibo también en nombre de mis compatriotas que estuvieron en Cuba”. Y una salva de aplausos lo premió.
En lengua gallega, Fraga quiere decir poste, e Iribarne, en el medio del pueblo. Simbolismo y realidad se emparentaron en cada visita a Manatí de Don Manuel Fraga Iribarne, quien, plantado como un poste solidario en el medio del pueblo, dijo el 31 de octubre de 1998:
“… y no quiero que me consideren un amigo, sino un familiar más, que se siente honrado en formar parte de la familia de ustedes”.
Los manatienses apreciaremos siempre esa fidelidad al terruño.
El gallego-manatiense -o viceversa- habló con la prensa sobre Cuba y Fidel. Dijo: «Más allá de las diferencias ideológicas, y nunca lo hemos negado, Fidel Castro es uno de los muchos símbolos de este mundo hispánico que tantas veces fue glorioso, estuvo dividido, fue despreciado injustamente y es un símbolo de independencia».
Cubrí para el periódico tunero 26 las dos visitas a Manatí de Don Manuel Fraga Iribarne. Inserto aquí la crónica que escribí la víspera de su llegada en 1998, una imagen de su recorrido por el pueblo junto a las autoridades de la localidad y una nota de su puño y letra que le pedí para los lectores, en la cual escribió:A través de 26 envío a todos los tuneros, y en particular a los de Manatí y su comarca, el más cordial y afectuoso saludo, de un hijo de corazón de esta tierra. Manuel Fraga Iribarne, Presidente Xunta de Galicia, 31-10-98.
Y es que Dan Manuel -gallego auténtico, de esos que hacen sonar la zeta en cada inflexión de la voz- es también un poco nuestro. En Manatí se conocieron sus padres y nacieron varios de sus hermanos.
“Es en esta tierra donde comienzan mis primeros recuerdos -dijo al agradecer el Escudo y la condición de Hijo Ilustre de la localidad de manos de las autoridades municipales-. Toda mi familia agradece este homenaje, que recibo también en nombre de mis compatriotas que estuvieron en Cuba”. Y una salva de aplausos lo premió.
En lengua gallega, Fraga quiere decir poste, e Iribarne, en el medio del pueblo. Simbolismo y realidad se emparentaron en cada visita a Manatí de Don Manuel Fraga Iribarne, quien, plantado como un poste solidario en el medio del pueblo, dijo el 31 de octubre de 1998:
“… y no quiero que me consideren un amigo, sino un familiar más, que se siente honrado en formar parte de la familia de ustedes”.
Los manatienses apreciaremos siempre esa fidelidad al terruño.
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JUAN MORALES AGÜERO
(LAS TUNAS, CUBA)
Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana (2009). Licenciado en Periodismo por la Universidad de Oriente (1993). Graduado en Educación Física y Deportes (1976). Profesor universitario adjunto de Comunicación Social. Premio de la Ciudad en Periodismo (1996). Diplomado en el Instituto Internacional de Periodismo de La Habana (1999). Cobertura periodística en la República de Guatemala (2002). Ganador de varios concursos provinciales y nacionales. Corresponsal en Las Tunas del periódico Juventud Rebelde. Autor del libro POSTALES TUNERAS, publicado por la Editorial Sanlope en 2005 y reeditado por el propio sello en 2009.






Francisca Agüero Mayo era su nombre. Pero eso casi nadie lo sabía. Para sus vecinos, familiares y amigos ella fue siempre, sencillamente, Paquita. Nació el 28 de agosto de 1926 en el tunero barrio de El Oriente. Sin embargo, casi toda su existencia transcurrió en Manatí, a donde fue a residir cuando se casó con mi padre el 4 de diciembre de 1954. Nieta del coronel mambí Calixto Agüero y Agüero, en su personalidad convivieron el carácter y la ternura. Se pasó toda la vida haciendo el bien a los demás y sacrificándose por su familia. Hipertensa crónica con récord personal de presión máxima de 280 mmHg, murió de un colosal infarto cardíaco el 14 de julio de 1996. Cuando desapareció ya nada volvió a ser igual. Incluso las orquídeas del patio que ella cultivaba con devoción de naturalista marchitaron sus corolas. Aunque nunca se lo dije -me remuerde a veces no haberlo hecho alguna vez- a mi madre le debo todo lo bueno que me ha ocurrido, que no ha sido poco. Jamás querré con similar intensidad. Nunca se borrará de mi memoria su rostro venerable. El almanaque no tiene un día -¡un solo día!- en que yo no la recuerde.

