Un popurrí para Barbarito Diez
Diciembre 4, 2009 por Juan Morales Agüero
La sobria tesitura de su voz fundó su linaje entre los pétalos perfumados de una rosa de Francia. Irrumpe de el arroyo que murmura allá, junto al palmar del bajío. Después regala compases como el arrullo de palmas.Al oírlo, un dulce embeleso seduce el espíritu. Es que cuando Barbarito canta, su voz emerge como de entre espumas con destellos de perla marina. Así es el estilo de este virtuoso, timbre y semblante de nuestro baile nacional.
Si él lo vocaliza, el danzón deviene capullo de alelí. Habría que tener alma de roca para no rendirse a tan sublime ensoñación. Mientras existan Barbaritos rompiendo la rutina nadie aceptará que ausencia quiere decir olvido.
Para que la oigas, Cuba celebra hoy tu centenario. Lo festeja también -¡cómo no!- tu querido Manatí. De allá partiste un día en busca de la gloria con una rosa roja prendida en el ojal y un par de lágrimas negras nublándote los ojos.
Tu pueblo no te olvida. Aunque quiera olvidarte, ha de ser imposible. Así ocurre cuando se quiere de veras. Tu nombre no solo está grabado en el tronco de un árbol. También está en nuestros corazones.
Si él lo vocaliza, el danzón deviene capullo de alelí. Habría que tener alma de roca para no rendirse a tan sublime ensoñación. Mientras existan Barbaritos rompiendo la rutina nadie aceptará que ausencia quiere decir olvido.
Para que la oigas, Cuba celebra hoy tu centenario. Lo festeja también -¡cómo no!- tu querido Manatí. De allá partiste un día en busca de la gloria con una rosa roja prendida en el ojal y un par de lágrimas negras nublándote los ojos.
Tu pueblo no te olvida. Aunque quiera olvidarte, ha de ser imposible. Así ocurre cuando se quiere de veras. Tu nombre no solo está grabado en el tronco de un árbol. También está en nuestros corazones.
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JUAN MORALES AGÜERO
(LAS TUNAS, CUBA)
Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana (2009). Licenciado en Periodismo por la Universidad de Oriente (1993). Graduado en Educación Física y Deportes (1976). Profesor universitario adjunto de Comunicación Social. Premio de la Ciudad en Periodismo (1996). Diplomado en el Instituto Internacional de Periodismo de La Habana (1999). Cobertura periodística en la República de Guatemala (2002). Ganador de varios concursos provinciales y nacionales. Corresponsal en Las Tunas del periódico Juventud Rebelde. Autor del libro POSTALES TUNERAS, publicado por la Editorial Sanlope en 2005 y reeditado por el propio sello en 2009.







Francisca Agüero Mayo era su nombre. Pero eso casi nadie lo sabía. Para sus vecinos, familiares y amigos ella fue siempre, sencillamente, Paquita. Nació el 28 de agosto de 1926 en el tunero barrio de El Oriente. Sin embargo, casi toda su existencia transcurrió en Manatí, a donde fue a residir cuando se casó con mi padre el 4 de diciembre de 1954. Nieta del coronel mambí Calixto Agüero y Agüero, en su personalidad convivieron el carácter y la ternura. Se pasó toda la vida haciendo el bien a los demás y sacrificándose por su familia. Hipertensa crónica con récord personal de presión máxima de 280 mmHg, murió de un colosal infarto cardíaco el 14 de julio de 1996. Cuando desapareció ya nada volvió a ser igual. Incluso las orquídeas del patio que ella cultivaba con devoción de naturalista marchitaron sus corolas. Aunque nunca se lo dije -me remuerde a veces no haberlo hecho alguna vez- a mi madre le debo todo lo bueno que me ha ocurrido, que no ha sido poco. Jamás querré con similar intensidad. Nunca se borrará de mi memoria su rostro venerable. El almanaque no tiene un día -¡un solo día!- en que yo no la recuerde.