Curiosidades de la cartografía
Enero 23, 2010 por Juan Morales Agüero
Muchos aficionados a la geografía suelen en ocasiones conocer más sobre este redondo y maltratado planeta nuestro que algunos grandes hombres de vocación cosmopolita. Se cuenta, por ejemplo, que Julio Verne, el genial novelista francés, escribió la mayoría de sus obras de temas geográficos sin salir jamás de su natal Nantes. ¡Y hay que leer al autor de Cinco semanas en globo para apreciar cuántas vueltas dio por el mundo! Una caminata por la Patagonia, un crucero por Oceanía, una expedición por África…, siempre andando, volando y navegando imaginariamente sobre sus mapas.En fin, hay diferentes tipos de aficionados. Unos son auténticos maestros y otros humildes aprendices. Me inscribo en el segundo grupo. Fue así como al revisar un moderno atlas electrónico de última generación, conocí, entre perplejo y curioso, que el nombre de Cuba, mi país, no es exclusivo de este caimán antillano. Tampoco es único el de Las Tunas, mi provincia. Como si fuera poco, no lo es el de Manatí, mi municipio de nacimiento. ¡Desconcertante!
En los Estados Unidos de América, por ejemplo, se llaman Cuba 17 lugares ubicados en 15 estados federales, a saber: Alabama, Georgia, Illinois (2), Indiana, Kansas, Louisiana, Missouri (2), Nuevo México, Nueva York, Carolina del Norte, Ohio, Dakota del Norte, Tennesse, Texas y Wisconsin. Por mucho que trato, no consigo explicarme las razones de semejantes coincidencias toponímicas en dos naciones de tan diferentes orígenes e idiosincrasia.
Pero el asunto no termina ahí. En México aparecen en los mapas cuatro localidades llamadas Cuba. Se localizan en los estados de Campeche, Durango (2) y Sonora. Más al sur, en la República de Colombia, se registran tres pueblos denominados así. Y otras dos en territorio de Bolivia. Y una, respectivamente, en Argentina, Filipinas, Portugal y Puerto Rico. Desconozco si a los habitantes de todas esas comarcas les gusta bailar el son, comer lechón asado, ayudar al menesteroso y jugar a la pelota. ¡Solo eso faltaba!
Con el nombre de Las Tunas ocurre algo parecido. En México hay sitios llamados así en Chihuahua, Sinaloa y Tamaulipas. También cuentan con uno per cápita Argentina, Chile, Honduras, República Dominicana y Venezuela. Y para confirmar aquello de que «nadie es profeta en su tierra», la provincia tiene un doble toponímico en… ¡su propio territorio! En efecto, un poco al sur de la capital de la comarca se encuentra un asentamiento nombrado así: Las Tunas. Y por añadidura, otro bautizado Las Tunas de Guaimarillo.
El municipio de Manatí es el único de los ocho de la provincia tunera que tiene eco onomástico en otras latitudes del planeta. Aclaro que el denominado Colombia se llama así por razones de solidaridad con ese país, de manera que no cuenta en esta reseña. Así, Manatí se repite dos veces en la República de Colombia y una vez en la europea Albania, las africanas Angola y Sudán, la caribeña Puerto Rico y la bolivariana Venezuela. Para no ser menos que Las Tunas, Manatí tiene su par en la geografía cubana por la zona sur de la provincia de Ciego de Ávila. ¿Verdad que son muy curiosas estas coincidencias?
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JUAN MORALES AGÜERO
(LAS TUNAS, CUBA)
Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana (2009). Licenciado en Periodismo por la Universidad de Oriente (1993). Graduado en Educación Física y Deportes (1976). Profesor universitario adjunto de Comunicación Social. Premio de la Ciudad en Periodismo (1996). Diplomado en el Instituto Internacional de Periodismo de La Habana (1999). Cobertura periodística en la República de Guatemala (2002). Ganador de varios concursos provinciales y nacionales. Corresponsal en Las Tunas del periódico Juventud Rebelde. Autor del libro POSTALES TUNERAS, publicado por la Editorial Sanlope en 2005 y reeditado por el propio sello en 2009.






Francisca Agüero Mayo era su nombre. Pero eso casi nadie lo sabía. Para sus vecinos, familiares y amigos ella fue siempre, sencillamente, Paquita. Nació el 28 de agosto de 1926 en el tunero barrio de El Oriente. Sin embargo, casi toda su existencia transcurrió en Manatí, a donde fue a residir cuando se casó con mi padre el 4 de diciembre de 1954. Nieta del coronel mambí Calixto Agüero y Agüero, en su personalidad convivieron el carácter y la ternura. Se pasó toda la vida haciendo el bien a los demás y sacrificándose por su familia. Hipertensa crónica con récord personal de presión máxima de 280 mmHg, murió de un colosal infarto cardíaco el 14 de julio de 1996. Cuando desapareció ya nada volvió a ser igual. Incluso las orquídeas del patio que ella cultivaba con devoción de naturalista marchitaron sus corolas. Aunque nunca se lo dije -me remuerde a veces no haberlo hecho alguna vez- a mi madre le debo todo lo bueno que me ha ocurrido, que no ha sido poco. Jamás querré con similar intensidad. Nunca se borrará de mi memoria su rostro venerable. El almanaque no tiene un día -¡un solo día!- en que yo no la recuerde.