El preuniversitario de Manatí, 25 años después
Septiembre 30, 2011 por Juan Morales AgüeroA esta fotografía le tengo gran cariño. Se trata del primer grupo de graduados del preuniversitario «René Martínez Tamayo», primero de su tipo en la historia de Manatí, del cual fui secretario docente cuando abrió sus puertas hace ahora un cuarto de siglo.
Antes de entonces, nuestro terruño carecía de esa enseñanza. Por tal razón, casi todos los egresados de la Secundaria Básica «Dos de Diciembre» se veían en la necesidad de continuar sus estudios de bachillerato en centros internos pertenecientes al municipio de Jobabo, distantes de Manatí.
Las muchachas y los muchachos capturados en esta fotografía -¡ya todos son cuarentones!- fueron de aquellos que transitaron por los Melanios -nombre genérico por el que se conocían las citadas escuelas internas jobabenses-, en cuyas aulas vencieron los grados décimo y onceno. Al inaugurarse el preuniversitario manatiense en el curso1986-1987, regresaron a la patria chica y ocuparon pupitres para cursar el duodécimo grado.
Nadie vaya a pensar que el Instituto Preuniversitario en el Campo «René Martínez Tamayo» -su nombre oficial- debutó sin contratiempos. Ni siquiera disponía de las condiciones mínimas para la docencia. Mucho menos les garantizaba a sus alumnos alojamiento medianamente confortable. En realidad, comenzó a funcionar en lo que había sido un centro penitenciario, en una comunidad llamada El Guanito, próxima al poblado de Duñanuecos. Eso sí, sus instalaciones fueron adaptadas con amor por parte de los constructores.
Mencionaré solo los nombres (y apodos) de algunos de los estudiantes que aparecen en la imagen, por cierto, bastante deteriorada por el tiempo. Por favor, me excusan los que mi memoria no ha podido retener ni menos identificar. Han pasado muchos años y no es lo mismo. Voy: Niurka, María Andrea, Boris, Leonides, Ania, Cristell, Vilma, Tamara, Damaris, Barea, Daniel, Dagoberto, Annamaris, Odalys, Álvaro, Elber, Felipito, Denia, Yanet, Aveleira, Maidel, «Ubita», Osmani, Pino, Kenia, Jorge, Leticia, Diana, Sandra, Eduardo, «Tatica», Ivia, Yelina, Nancy, Nuria, Salinas …
Aparecen también los profesores Eradis González (Química) y Ceferino Márquez (Español y Literatura). También Luis Labrada (director) y este servidor (en la fila trasera, en el mismo centro, con bigote). La fotografía fue tomada el 17 de julio de 1986 en el parque de Manatí, junto al busto de José Martí, al culminar el acto de graduación en el cine municipal.
No me perdonaría dejar de mencionar a otros profesores que, aunque no figuran en la foto, integraron aquel colectivo fundacional cuyo recuerdo mantengo vivo: Orestes Sosa (fallecido), Elías Ankle, Gladys y Alina de la Rosa, Mirtha James, Simónides Guzmán, Bernardo Hernández (primer subdirector docente), Alberto Pérez (Betico), Jorge Rodríguez, Mayry Vaillant, Arnaldo Cañete (fallecido), Edilberto Rodríguez, Eliades, Usatorre, Rubiseida, Santa, Marbelis, Alfredo Obregón (primer director), Frank, Miriam Fundora, Marthica y Xiomara (bibliotecarias), Sarazola, Lourdes, Jorge Lescay… A algunos los volví a ver en diferentes momentos y lugares. Otros viven en el exterior y, eventualmente, intercambiamos correos electrónicos. A un tercer grupo le perdí por completo la pista. En cualquier lugar de este mundo -o del otro- donde estén, reciban mi abrazo afectuoso.
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JUAN MORALES AGÜERO
(LAS TUNAS, CUBA)
Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana (2009). Licenciado en Periodismo por la Universidad de Oriente (1993). Graduado en Educación Física y Deportes (1976). Profesor universitario adjunto de Comunicación Social. Premio de la Ciudad en Periodismo (1996). Diplomado en el Instituto Internacional de Periodismo de La Habana (1999). Cobertura periodística en la República de Guatemala (2002). Ganador de varios concursos provinciales y nacionales. Corresponsal en Las Tunas del periódico Juventud Rebelde. Autor del libro POSTALES TUNERAS, publicado por la Editorial Sanlope en 2005 y reeditado por el propio sello en 2009.





Francisca Agüero Mayo era su nombre. Pero eso casi nadie lo sabía. Para sus vecinos, familiares y amigos ella fue siempre, sencillamente, Paquita. Nació el 28 de agosto de 1926 en el tunero barrio de El Oriente. Sin embargo, casi toda su existencia transcurrió en Manatí, a donde fue a residir cuando se casó con mi padre el 4 de diciembre de 1954. Nieta del coronel mambí Calixto Agüero y Agüero, en su personalidad convivieron el carácter y la ternura. Se pasó toda la vida haciendo el bien a los demás y sacrificándose por su familia. Hipertensa crónica con récord personal de presión máxima de 280 mmHg, murió de un colosal infarto cardíaco el 14 de julio de 1996. Cuando desapareció ya nada volvió a ser igual. Incluso las orquídeas del patio que ella cultivaba con devoción de naturalista marchitaron sus corolas. Aunque nunca se lo dije -me remuerde a veces no haberlo hecho alguna vez- a mi madre le debo todo lo bueno que me ha ocurrido, que no ha sido poco. Jamás querré con similar intensidad. Nunca se borrará de mi memoria su rostro venerable. El almanaque no tiene un día -¡un solo día!- en que yo no la recuerde.
