Padres, madres, hijos…
Junio 21, 2008 por Juan Morales AgüeroLECCIÓN
Una noche, un niño le pregunta a su padre: «¿Cuánto dinero ganas por hora, papá?» El padre, extrañado, responde con otra pregunta: «¿Por qué quieres saberlo?» Y el niño: «No, no, por nada». Acto seguido, le pide cinco pesos. Y el padre: «¿Para qué los quieres?» Y el niño: «Para hacer un gasto importante». El padre le entrega el billete. A la noche siguiente el niño vuelve a hacerle la misma pregunta y el mismo pedido, y el padre, visiblemente airado, le dice: «¿Piensas que me regalan el dinero? Considero una insolencia que me estés preguntando cuánto gano». Lo manda a dormir. Pasados algunos minutos, el padre recapacita y, arrepentido, piensa que quizás fue un poco duro con su hijo. Se acerca a la cama del niño, lo acaricia y le dice: «Perdóname, a veces no estoy de humor; aquí tienes los cinco pesos.» El niño lo mira tiernamente y luego le pregunta en voz baja: «¿No te molesta si vuelvo a preguntarte cuánto ganas por hora?» El padre lo observa y le dice: «No me molesta, hijo, gano 10 pesos por hora». Entonces el niño levanta la almohada, toma los cinco pesos del día anterior y le dice a su padre: «Toma, papi, ya tengo 10 pesos. ¿Podrías estar una hora conmigo?»
PREFERENCIAS
Cierto día, le preguntan a una mujer de quien se decía era una sabia:
«A ver, mujer, tú tienes varios hijos, ¿cuál de ellos es tu preferido?»
Y ella responde sin la menor vacilación:
«Tengo preferencias por el hijo más pequeño, hasta que sea mayor; por el que está lejos, hasta que regrese; por el que está enfermo, hasta que se recupere; por el que está preso, hasta que reciba su libertad; por el que pasa dificultades, hasta que las haya superado; por el que está triste, hasta que se anime; por el que está solo, hasta que se enamore; por el analfabeto, hasta que aprenda…»
La respuesta fue aplaudida y aceptada por todos.
Una noche, un niño le pregunta a su padre: «¿Cuánto dinero ganas por hora, papá?» El padre, extrañado, responde con otra pregunta: «¿Por qué quieres saberlo?» Y el niño: «No, no, por nada». Acto seguido, le pide cinco pesos. Y el padre: «¿Para qué los quieres?» Y el niño: «Para hacer un gasto importante». El padre le entrega el billete. A la noche siguiente el niño vuelve a hacerle la misma pregunta y el mismo pedido, y el padre, visiblemente airado, le dice: «¿Piensas que me regalan el dinero? Considero una insolencia que me estés preguntando cuánto gano». Lo manda a dormir. Pasados algunos minutos, el padre recapacita y, arrepentido, piensa que quizás fue un poco duro con su hijo. Se acerca a la cama del niño, lo acaricia y le dice: «Perdóname, a veces no estoy de humor; aquí tienes los cinco pesos.» El niño lo mira tiernamente y luego le pregunta en voz baja: «¿No te molesta si vuelvo a preguntarte cuánto ganas por hora?» El padre lo observa y le dice: «No me molesta, hijo, gano 10 pesos por hora». Entonces el niño levanta la almohada, toma los cinco pesos del día anterior y le dice a su padre: «Toma, papi, ya tengo 10 pesos. ¿Podrías estar una hora conmigo?»PREFERENCIAS
Cierto día, le preguntan a una mujer de quien se decía era una sabia:«A ver, mujer, tú tienes varios hijos, ¿cuál de ellos es tu preferido?»
Y ella responde sin la menor vacilación:
«Tengo preferencias por el hijo más pequeño, hasta que sea mayor; por el que está lejos, hasta que regrese; por el que está enfermo, hasta que se recupere; por el que está preso, hasta que reciba su libertad; por el que pasa dificultades, hasta que las haya superado; por el que está triste, hasta que se anime; por el que está solo, hasta que se enamore; por el analfabeto, hasta que aprenda…»
La respuesta fue aplaudida y aceptada por todos.
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JUAN MORALES AGÜERO
(LAS TUNAS, CUBA)
Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana (2009). Licenciado en Periodismo por la Universidad de Oriente (1993). Graduado en Educación Física y Deportes (1976). Profesor universitario adjunto de Comunicación Social. Premio de la Ciudad en Periodismo (1996). Diplomado en el Instituto Internacional de Periodismo de La Habana (1999). Cobertura periodística en la República de Guatemala (2002). Ganador de varios concursos provinciales y nacionales. Corresponsal en Las Tunas del periódico Juventud Rebelde. Autor del libro POSTALES TUNERAS, publicado por la Editorial Sanlope en 2005 y reeditado por el propio sello en 2009.





Francisca Agüero Mayo era su nombre. Pero eso casi nadie lo sabía. Para sus vecinos, familiares y amigos ella fue siempre, sencillamente, Paquita. Nació el 28 de agosto de 1926 en el tunero barrio de El Oriente. Sin embargo, casi toda su existencia transcurrió en Manatí, a donde fue a residir cuando se casó con mi padre el 4 de diciembre de 1954. Nieta del coronel mambí Calixto Agüero y Agüero, en su personalidad convivieron el carácter y la ternura. Se pasó toda la vida haciendo el bien a los demás y sacrificándose por su familia. Hipertensa crónica con récord personal de presión máxima de 280 mmHg, murió de un colosal infarto cardíaco el 14 de julio de 1996. Cuando desapareció ya nada volvió a ser igual. Incluso las orquídeas del patio que ella cultivaba con devoción de naturalista marchitaron sus corolas. Aunque nunca se lo dije -me remuerde a veces no haberlo hecho alguna vez- a mi madre le debo todo lo bueno que me ha ocurrido, que no ha sido poco. Jamás querré con similar intensidad. Nunca se borrará de mi memoria su rostro venerable. El almanaque no tiene un día -¡un solo día!- en que yo no la recuerde.

El Día de los Padres tiene casi un siglo de constituido. Según quienes han investigado en torno al tema, su celebración se inició en los Estados Unidos en el año 1910. Fue la norteamericana Sonora Smart-Dold la artífice de esta festividad. Ella estaba convencida de que su padre, William Smart, era tan importante como su madre si de honores se trataba. De ahí que dedicara sus mayores esfuerzos a la implantación de ese día en Yanquilandia.

